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Sabíamos lo que pasaría con el río, pero era el mal menor: EPM

Un dilema ético representó para el gerente de EPM Jorge Londoño de la Cuesta, y su equipo de trabajo, la determinación que se tomó el lunes en la noche de cerrar el paso de agua a la casa de máquinas, porque estaba en juego la vida de las comunidades aguas abajo y la afectación al río Cauca, por la inevitable disminución de su caudal, producto de la maniobra.

La decisión llegó de la mano de un estudio que realizó la firma diseñadora Integral que concluyó que la estructura de captación estaba por fuera de su capacidad de diseño para soportar la presión del agua y el aire. Esto debido a que los túneles 1 y 2 estaban conectados por la oquedad (vacío) hallazgo confirmado tras el cierre de la primera compuerta, el pasado 16 de enero.

En menos de 24 horas se aceleró el proceso de cierre de la compuerta uno, a sabiendas del impacto ambiental que significaría para el Cauca, ante la imposibilidad de tener el embalse en la cota 401 para verter y alimentar el caudal.

 “El riesgo es que las compuertas no están diseñadas para trabajar con flujo, con caudal. Si nosotros perdemos la reja, que es un filtro, el cálculo es que podrían entrar hasta 900 m3/seg de agua y nos quedamos sin la posibilidad de cerrar la compuerta”

“Eso significa que, si perdemos la captación, el agua entra de forma descontrolada. Podría ocurrir que el embalse se conecte con la casa de máquinas y rompa toda la estructura saliendo por ahí el agua embalsada. Estamos hablando de una presa de 75 kilómetros de extensión por 200 metros de profundidad, millones de metros cúbicos de agua. La contingencia del 12 de mayo arrojó 6.000 m3/seg. de agua. Imagine lo que serían millones”.

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